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Cuatro días después de que las urnas cerraran en el estado federado de Sajonia-Anhalt, el sacudón político en Alemania sigue provocando réplicas en todo el continente.

Las elecciones del pasado domingo 6 de septiembre confirmaron lo que muchos analistas temían: la extrema derecha no solo ha dejado de ser un fenómeno marginal, sino que se ha consolidado como la principal fuerza política en regiones clave del este del país, arrinconando a la derecha tradicional.

Con un histórico 43.8 por ciento de los sufragios, el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) duplicó sus resultados respecto a 2021. La victoria arrasó con la Unión Demócrata Cristiana (CDU), la histórica formación de centro-derecha que se desplomó a un exiguo 17.2 por ciento.

Para una nación cuya identidad democrática de posguerra se erigió sobre la premisa del Nie wieder (Nunca más), el triunfo resulta sumamente preocupante. Y es que es la primera vez desde la caída del régimen nazi, en 1945, que una fuerza calificada oficialmente como extrema derecha alcanza ese volumen de votación y se consolida en un Parlamento regional.

De acuerdo con especialistas, la victoria de AfD en Sajonia-Anhalt —donde se impuso en la aplastante mayoría de los municipios— no es un hecho aislado, sino la culminación de un avance sostenido que pone a prueba las salvaguardas institucionales de la República Federal.

Pese al triunfo de la extrema derecha y el mandato para gobernar reivindicado por su candidato local, Ulrich Siegmund, la llegada de AfD al poder no es automática. A día de hoy, la política alemana se encuentra sumida en un complejo bloqueo negociador.

El resto de las fuerzas políticas —desde la conservadora CDU hasta los socialdemócratas (SPD) y Los Verdes— insisten en mantener el “cordón sanitario” (Brandmauer) para aislar a la ultraderecha y evitar que encabece el gobierno regional.

Sin embargo, los números hacen casi imposible construir un Ejecutivo funcional sin violar sus propios vetos cruzados o recurrir a pactos inverosímiles.  Mientras las bancadas parlamentarias debaten cómo salir del dilema sin deslegitimar la voluntad expresada por más de cuatro de cada diez electores, el mensaje enviado desde Sajonia-Anhalt es claro: en la cuna de la reconstrucción democrática europea, la derecha tradicional ha perdido el monopolio de la hegemonía conservadora frente al avance impetuoso de la ultraderecha.

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