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Este sábado, el PAN volverá a encontrarse con una parte de su propia historia al conmemorar 87 años de su fundación y desarrollar el proceso interno mediante el cual se definirá la coordinación de Patria, Familia y Libertad, una responsabilidad que busca recuperar tres conceptos que forman parte de la tradición doctrinal del partido.

La presencia de nuestro dirigente nacional, Jorge Romero, acompañará este ejercicio interno en Tlaxcala, donde el partido llega a esta etapa con una organización que, de acuerdo con sus registros, supera ya los cuatro mil militantes, casi 25 por ciento más que hace un año, además de representación política en los 60 municipios.

Pero una organización política no se mide solamente por el número de afiliados, sino por su capacidad para escuchar, debatir, corregir y ofrecer alternativas cuando las cosas no marchan bien.

México enfrenta desafíos demasiado grandes para conformarse con la propaganda como sustituto de los resultados. La economía, la seguridad, la salud, la educación y el combate a la corrupción requieren instituciones capaces de ofrecer respuestas y no solamente explicaciones.

Y en materia de seguridad, particularmente, el país enfrenta uno de sus mayores desafíos: la violencia asociada a organizaciones criminales continúa siendo una realidad en distintas regiones y obliga al Estado mexicano a fortalecer sus capacidades de investigación, prevención y procuración de justicia. No hay discurso que pueda sustituir la obligación de garantizar la seguridad de las familias.

También preocupa que los avances institucionales construidos durante décadas puedan debilitarse cuando el poder político pretende concentrar decisiones que deberían estar sujetas a contrapesos, transparencia y rendición de cuentas.

Frente a esas circunstancias, la existencia de una oposición democrática no es un obstáculo para México. Es una necesidad de cualquier democracia.

Por eso resulta oportuno volver a las ideas originales.

Efraín González Luna entendía la patria como una casa grande, una construcción permanente en la que cada generación tiene la responsabilidad de aportar algo. No hablaba solamente de territorio, historia o geografía. Hablaba de un deber.

Esa concepción conserva vigencia.

A 87 años de su fundación, el PAN enfrenta el desafío de demostrar que sus principios pueden traducirse en respuestas para el México contemporáneo.

Un partido está vivo cuando sus ideas siguen provocando debate, cuando sus instituciones son capaces de renovarse y cuando la ciudadanía encuentra en ellas una alternativa democrática.

La vigencia de una institución política, finalmente, no la determina una fecha en el calendario, sino su capacidad para seguir siendo útil a la sociedad.

 

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