En una época en la que gran parte de la producción cultural circula a través de pantallas, un archivo en la ciudad de Tlaxcala apuesta por conservar algo mucho más pequeño y tangible: publicaciones hechas a mano, fotocopiadas, engrapadas, intervenidas y creadas bajo la lógica de “hazlo tú mismo”.
Se trata de la FanSimioteca, un proyecto impulsado por Anahí Hernández Galaviz y Emerson Valderas, ambos artistas visuales y docentes quienes durante más de una década han reunido publicaciones independientes provenientes principalmente de México.
El acervo actualmente reúne alrededor de mil 200 a mil 300 fanzines, muchos de ellos relacionados con las artes visuales, la ilustración, el diseño y distintas expresiones de la cultura independiente, de acuerdo con Galaviz, algunas de las piezas que integran la colección datan de principios de los años 2000.
Pero ¿qué es un fanzine? el término proviene de la combinación de fan y magazine y originalmente estuvo relacionado con publicaciones realizadas por aficionados, particularmente alrededor de la ciencia ficción. Con el paso del tiempo, el formato se convirtió en una herramienta de autopublicación utilizada para compartir prácticamente cualquier tema, sin depender de editoriales o medios de distribución tradicionales.
Su característica principal es precisamente la libertad: una persona puede producir, diseñar, reproducir y distribuir su propia publicación con recursos accesibles.
En México, el fanzine también encontró un espacio importante dentro de escenas contraculturales, musicales y artísticas de hecho investigaciones recientes sobre el fenómeno señalan que el formato ha servido como una vía de expresión para comunidades creativas que se desarrollan al margen de los circuitos editoriales tradicionales.
Para Anahí, el vínculo con estas publicaciones comenzó hace alrededor de 13 años, cuando ella y Valderas producían sus propios fanzines y participaban en colectivos, con intercambio con otros creadores, muchas veces mediante el trueque, hizo que ambos comenzaran a reunir ejemplares.
La colección de Galaviz tomó una forma más sistemática a partir de 2017, cuando comenzó a reunir publicaciones que le interesaban por sus materiales, procesos de producción y propuestas conceptuales. Posteriormente realizó una investigación historiográfica sobre la escena del fanzine en México, lo que permitió darle mayor orden al archivo.
La iniciativa también recupera una experiencia previa de Valderas, quien entre 2022 y 2024 impulsó una fanzinoteca en un espacio cultural del centro de Tlaxcala, sin embargo, las condiciones de resguardo representaron un reto para unas publicaciones que, por su propia naturaleza, pueden ser tan frágiles como una hoja doblada o engrapada.
Ese carácter efímero es justamente parte de la importancia del proyecto, en una cultura donde los papeles pequeños, volantes y publicaciones de pocas páginas pueden terminar fácilmente como desecho, la FanSimioteca busca convertirlos en memoria.
El proyecto no solamente pretende conservar las piezas, sino generar una comunidad alrededor de ellas, Hernández considera que Tlaxcala ya cuenta con antecedentes importantes de producción de publicaciones independientes y menciona, entre otros referentes, el trabajo de Antonio Bliss, vinculado desde hace años con la producción de fanzines.
La FanSimioteca funciona actualmente en la casa de sus creadores, en la zona de San Gabriel, en la ciudad de Tlaxcala, el acceso es gratuito, aunque es necesario contactar previamente a sus responsables para agendar una visita y el horario habitual de atención es los lunes de 13:00 a 18:00 horas, aunque también existe la posibilidad de programar visitas durante los fines de semana.
Por ahora, el acercamiento del público todavía es discreto, por ello, una de las estrategias del proyecto consiste en realizar activaciones y encuentros abiertos que permitan que más personas conozcan el acervo sin necesidad de acudir únicamente mediante una cita.
Más que una colección, la FanSimioteca busca convertirse en un punto de encuentro para quienes producen, coleccionan, intercambian o simplemente sienten curiosidad por estas pequeñas publicaciones que encuentran en el papel una forma de libertad.
En un contexto donde buena parte de la producción editorial se ha trasladado a lo digital, este archivo apuesta por recordar que una publicación también puede ser un objeto para tocar, hojear, intercambiar y conservar.
Y quizá ahí está una de las particularidades de los fanzines: no necesitan grandes tirajes ni estructuras editoriales para dejar registro de una época, una idea o una comunidad: basta con que alguien tenga algo que decir y encuentre la manera de imprimirlo.
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