Cada 28 de agosto se conmemora en el país el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores. Aunque en el imaginario popular persiste la denominación del “Día del Abuelo”, la definición jurídica e institucional promovida por el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) abarca a toda persona de 60 años o más, reconociendo su diversidad, autonomía y aportación social, independientemente de sus roles familiares. Esta fecha suele reducirse a una celebración afectiva o de descuentos comerciales, pero es más que eso pues nos abre la puerta para hablar de la agenda pendiente en la garantía de sus derechos y también los retos que enfrentamos como sociedad.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México habitan más de 17 millones de personas adultas mayores. Este grupo representa el sector con mayor crecimiento relativo debido al cambio en la pirámide poblacional y al incremento en la esperanza de vida.
Los diagnósticos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) indican que un porcentaje alto de adultos mayores vive en condiciones de pobreza multidimensional. Aunque las pensiones han ampliado la cobertura de ingresos mínimos, menos del 20% de las personas mayores cuenta con una pensión por jubilación derivada de su trayectoria en el empleo formal. El resto enfrenta la precariedad de la informalidad, dependiendo de programas gubernamentales o del apoyo familiar que no siempre constante.
En materia de salud y cuidados el INEGI señala que más del 70% de los adultos mayores padece al menos una enfermedad crónico-degenerativa (como diabetes, hipertensión arterial o afecciones cardiovasculares), mientras que un porcentaje elevado vive con alguna discapacidad o limitación para realizar actividades de la vida diaria. Pese a estas cifras, la infraestructura geriátrica y los sistemas de cuidados resultan insuficientes para atender la demanda de asistencia especializada necesaria, sumando a esto la carga del cuidado no remunerado realizado principalmente por las mujeres del hogar.
Otro factor importante que dificulta el desarrollo de nuestros adultos mayores es la exclusión del mercado laboral, este fenómeno sigue afectando a quienes desean o necesitan continuar trabajando. Gran parte de la población mayor económicamente activa se inserta en el sector informal, sin prestaciones, ni seguridad social; y si a esto se le añade el abandono social, el maltrato psicológico, la discriminación por edad (edadismo) y la pérdida gradual de autonomía nos encontramos ante uno de los panoramas más complejos que puede atravesar cualquier persona.
Para hablar de un envejecimiento en plenitud se requiere superar la visión asistencialista o compasiva. Envejecer es la consecuencia natural de la existencia. La forma en que una sociedad trata a sus personas mayores refleja con exactitud la calidad de su ética y su visión de futuro. Dignificar la vejez implica asegurar condiciones de equidad, acceso efectivo a la salud y espacios reales de participación donde la experiencia sea valorada como un activo social. Al garantizar hoy los derechos de quienes nos anteceden, construimos el entorno que habitaremos mañana, pues la vejez, en el mejor de los escenarios, es el destino que a todas las personas nos aguarda.
Referencias:
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. (2021). Pobreza y personas mayores en México. https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Documents/adultos_mayores/Pobreza_personas_mayores_2020.pdf
Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores. (2025). Proyecciones demográficas de un México que envejece. https://www.gob.mx/inapam/articulos/proyecciones-demograficas-de-un-mexico-que-envejece
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