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De acuerdo con la información del Censo Nacional de Sistemas Penitenciarios Federal y Estatal 2026 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 94.6 por ciento de las personas privadas de la libertad en Tlaxcala permanecían sin sentencia.

Con dichos datos, el estado se hallaba entre las entidades cuyas instalaciones destinadas a delincuentes se encontraban rebasadas en su capacidad.

Ante este panorama, el estado de Tlaxcala podría encontrarse en un futuro entre las entidades que descuidan sus sistemas penitenciarios.

Sin embargo, en la actualidad los procesos de sentencia y las personas privadas de su libertad gozan de un pleno Estado de derecho; a pesar de la comisión de sus respectivos delitos, se les garantiza acceso a la salud, educación, deporte y trabajo para su posterior reinserción social.

Mientras que cuando se habla del contexto nacional de los sistemas penitenciarios, las estimaciones apuntan a que de aproximadamente las 260 prisiones estatales existentes en el país, 148 operan con sobrecupo.

Los datos reportados en mayo de 2026 registran la existencia de un excedente general de más de 34 mil personas por encima de la capacidad con la que se cuenta de acuerdo con el Cuaderno Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional.

No es de extrañar que el sobrecupo de las cárceles sea para muchos una señal de alarma, pues este no permite que los reclusos accedan a derechos plenos que les permitan una reinserción efectiva una vez terminada su deuda con la sociedad.

De estas raíces, también surgen divisiones como que en algunos lugares existe la pena de muerte y en otros no.

Por un lado, quienes están en contra sostienen su punto de que, a pesar de todo, la vida es un derecho de cualquier individuo sin importar las infracciones que haya cometido.

En el lado opuesto, quienes se encuentran a favor de la pena de muerte son aquellos gobiernos que lo defienden como el castigo más severo que se le puede otorgar a un individuo por infligir el derecho a la vida de otro y con su existencia se pretende frenar la comisión de esta clase de hechos.

Justo un seis de agosto, pero del año 1890, marcaría un hito para este tipo de penas, pues en Nueva York, Estados Unidos, se realizaría la primera ejecución de la historia de un preso mediante el proceso de silla eléctrica.

Por lo que este evento sirve de excusa a los gobiernos y a la sociedad en general para reflexionar respecto a sus sistemas penitenciarios y la severidad de los castigos, independientemente de qué postura respecto a las sentencias defiendan.

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