El estado de La Guaira, en la costa norte de Venezuela, vive una emergencia humanitaria tras los terremotos consecutivos del 24 de junio de 2026. Con al menos 2.295 personas fallecidas y miles desaparecidas, las autoridades enfrentan dificultades para recoger, identificar y preservar los cuerpos.
Rosa López relató cómo ayudó a su hija a buscar a su esposo desaparecido entre filas de cadáveres. Finalmente, hallaron a José Antonio Toledo, de 25 años, bajo el edificio donde trabajaba. Tras varios rechazos hospitalarios, la familia logró enterrarlo en un cementerio local gracias a un espacio gratuito otorgado por la alcaldía.
El técnico forense Joel Mirabal, quien trabaja sin descanso desde los sismos de magnitud 7.2 y 7.5, estima que en 60%-70% de los casos los cuerpos pueden ser identificados por familiares mediante tatuajes, cicatrices o ropa. Sin embargo, advierte que el colapso es enorme y que será necesario recurrir a fosas comunes.
Empresas privadas han donado contenedores refrigerados para preservar los restos, pero la cifra de víctimas continúa aumentando. Mirabal prevé que el proceso de recuperación de cuerpos se prolongue hasta tres meses, con apoyo de equipos de rescate y ciudadanos que se han sumado a la búsqueda.
El fin de semana, decenas de cuerpos fueron trasladados a un estacionamiento en La Guaira para su identificación. Familias como la de Robert Rodríguez esperan en largas filas frente a morgues improvisadas. Rodríguez relató cómo reconoció a su yerno, Rafael Alvarado, por sus zapatos, y planea cremarlo para esparcir sus cenizas en Isla de Margarita.
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