La revisión del tratado comercial entre los tres países de América del Norte (T-MEC) se perfila a reajustar los valores que al menos en el comercio han regido en la región en las décadas pasadas, sin que esté claro que sea benéfico al menos para México, y con la sombra del llamado Brexit.
Es costumbre remitir al periodo presidencial de Miguel de la Madrid (1892-1988) la decisión de abrir al comercio el país dejando atrás la política de sustitución de importaciones y la llamada petrolización de la economía, es decir, que la principal fuente de divisas fuera la venta de petróleo.
El 17 de diciembre de 1992 se convirtió en la fecha de culminación de esa apertura, cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC), y casi 26 años después, el 30 de noviembre de 2018, se suscribió el documento que lo continuaría, el llamado T-MEC, que este julio se encuentra en su revisión.
Tanto el inicio como esta renovación del T-MEC se han dado en presidencias de Donald Trump, quien ha mostrado fuerte animadversión hacia el libre comercio en general y los acuerdos de libre comercio de América del Norte en particular, como lo muestra su política unilateral de imponer aranceles, es decir, impuestos a las ventas que le hacen otros países, de acuerdo al mandatario, para aumentar las exportciones estadunidenses al exterior y reducir sus compras.
Todo apunta a que esa política no le ha funcionado, pues junto con el pantano que le ha representado a Estados Unidos sus ataques a Irán, el resultado ha sido mayor inflación para los consumidores estadunidenses, en un año en que se juega quien tiene la mayoría en el Congreso de ese país, ahora con una precaria mayoría del partido presidencial, el Republicano.
En materia de importaciones/exportaciones tampoco cuadran las cifras. Con datos al pasado abril, Canadá reportó superávit comercial de 2.7 mil millones de dólares canadiense en su intercambio con Estados Unidos, luego de que en marzo también registro superávit, ese mes, de 1.8 mil millones.
Con México la situación es similar. Cifras del Banco central de nuestro país citadas por la Secretaría de Economía muestran que el 83 por ciento de lo que vende México al exterior va a Estados Unidos, y un tercio o 34.3 por ciento para ser precisos, de lo que le compramos a otras naciones sale viene de nuestro vecino del norte, para 121 mil 584 millones de dólares de superávit a favor de México.
Es una tendencia clara desde 2008, muestra una gráfica elaborada con esas información, pues desde ese año las cifras favorecen a México. Entre ese 2008 y 2023 hay un paralelismo, pero la curva a favor mexicano se abre esa fecha con el comercio nacional ascendiendo y el estadunidense bajando.
El T-MEC parece haber atenuado la actual política unilateral estadunidense de los aranceles, y ahí reside que este miércoles el gobierno Estados Unidos haya decidido no renovar el pacto comercial sino revisarlo cada año.
La decisión cae dentro de las inconsistencias y contradicciones de la actual administración estadunidense en su política, que no solo comprende lo comercial, sino ejemplo claro es el ataque a Irán, donde tras cantar victoria solo firmó un acuerdo de intención que debería de llevar a un verdadero acuerdo de paz, el cual no llega.
Y así con el T-MEC, que de ser el mejor como dijo el mandatario en noviembre de 2018, ha pasado a ser el peor y con problemas importantes, como afirmó este uno de julio el Representante Comercial estadunidense Jamieson Greer.
Pero el gobierno estadunidense debería de voltear la mirada hacia la salida de Reino Unido de la Unión Europea, hace ya diez años, decisión que en materia comercial ofrece interesantes comparaciones con la política estadunidense hacia el T-MEC, no así en materia política o cultural, donde las tres naciones norteamericanas mantienen sus identidades.
En materia comercial las exportaciones británicas son inferiores a las que había antes del Brexit, con los principales perjuicios para las pequeñas empresas, afirma un documento del Global Trade Policy Observatory del recién terminado junio.
También que la actividad financiera británica se ha alejado de la UE, algo que no aplicaría para el T-MEC ante las diferencias de tamaño de Estados Unidos y México, pero podría aplicar relativamente algo el descenso del PIB británico tras dejar a la comunidad europea, aunque en su forma de creciente déficit comercial estadunidense con sus dos socios.
Complicar la actividad del acuerdo comercial ciertamente impide que se reduzca el déficit comercial global estadunidense, lo que no es de ninguna manera una buena noticia para Washington.
Es paradójico que México luche por mantener el T-MEC luego de las críticas que acumuló su formulación y antes el TLC. Al menos uno debe de pensar que si bien el fortalecimiento del bloque comercial norteamericano es muy importante, no debe de ser la única vía, pero a pesar de los discursos que desde la apertura comercial se han formulado a favor de la diversificación comercial, la dependencia se mantiene sin importar el sigo o color gubernamental.
j_esqueda8@hotmail.com
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