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A raíz de la carta del “Mayo” Zambada exigiendo la defensa de sus derechos por parte del Gobierno de México, la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentó una disyuntiva imposible: si defendía la soberanía nacional ¡malo!, pues parecía que defendía a Zambada; y, si se hacía de la vista gorda ¡Peor!, pues no sólo no defendía la inviolabilidad del territorio, sino que desfondaría el discurso soberanista que había venido manejando.

Entre los muchos escándalos mediáticos con los que comenzó el 2026, el de la prueba PISA comenzaba a ganar espacio mediático hasta que el Secretario de Educación Federal, Mario Delgado, declaró que la prueba no se había cancelado y que los resultados de la evaluación 2025 se darían a conocer a finales de 2026.

Desafortunadamente, la coyuntura y su manejo mediático no permitieron la discusión de lo realmente importante de la prueba PISA: si México no hace esfuerzos sostenidos y serios para mejorar, se está comprometiendo la viabilidad económica del país y se condena intencionalmente a las actuales generaciones a una situación de estancamiento para el desarrollo de sus potenciales y su capacidad de progresar económicamente.

1.¿Qué es la prueba PISA?

La prueba Programmefor International Student Assesment (PISA) evalúa la capacidad de aplicar sus conocimientos en lectura, matemáticas y ciencias a estudiantes de 15 años y es coordinada por la OCDE cada 3 años.

2.¿Cómo le ha ido a México

en la prueba PISA? Mal. En la edición 2022 México logró un puntaje de 395, mientras que el promedio para los países de la OCDE fue de 472; en lectura, México 415 puntos por 476 del promedio de la OCDE; y, en Ciencia, México 410 puntos y el promedio OCDE 476. En términos generales, México salió peor que en la edición 2018 en matemáticas y ciencias mientras que en lectura se estancó en el mismo nivel .

3.¿Es importante que las y los niños de México sepan leer, matemáticas y ciencia o es solo un invento neoliberal?

Importa y mucho:

a) La lectura refleja el dominio del idioma español, que es el que utilizamos para relacionarnos con la mayor parte de la gente con quienes convivimos, trabajamos
o conocemos a las que, eventualmente, se convierten en nuestras parejas; aún
más, es el idioma con el que aprendemos a pensar, imaginar y crear. Una niña o niño sin
fundamentos sólidos en el manejo de su idioma, queda condenada/o a una interacción
social limitada y con un hándicap en contra con el que deberá lidiar toda su vida para acceder de manera adecuada al pensamiento abstracto (hablar de conceptos en lugar de
cosas), crear o inventar.

b) Las matemáticas también son un idioma sólo que, a diferencia de nuestra lengua materna que nos permite entender a nuestro entorno social, es uno que nos permite entender el funcionamiento del universo, lo que, junto con la correcta aplicación del método científico, abre la posibilidad de adentrarnos en temas cada vez más complejos e, incluso, generar nuevos conocimientos de aplicación y utilidad para toda la raza humana.

Ambos aspectos son fundamentales no sólo para el desarrollo en lo individual de las niñas y los niños, sino también lo son para que logren acceder a estadios superiores de conocimiento, mayores niveles de productividad, una mayor y más integrada sensibilidad artística o, simplemente, para ser mejores en aquellos que decidan ser. De manera poco sorprendente, si más mexicanas y mexicanos son más capaces y productivos, al país en su conjunto le irá mejor.

Finalmente, y para evitar que las y los dogmáticos se rasguen las vestiduras por el sanbenito de que se trata de una “educación neoliberal”, hay que recordar que, si algo hicieron bien los países socialistas/comunistas del Siglo XX —como la URSS— que tanto añoran, fue formar profesionistas especialmente destacados en matemáticas y ciencias duras. Muchos de los logros de la entonces Unión Soviética se debieron, en gran medida, a que contó con mujeres y hombres destacados en ciencias duras; por el contrario, cuando se alejó de la ciencia, sólo logró matar a su población de hambre (caso Lysenko y la hambruna de 1932-1933 conocida como Holodomor). De hecho, si la URSS no colapsó antes, víctima de la esclerosis de su economía, fue porque sus mujeres y hombres de ciencia —que sabían leer y matemáticas— la mantuvieron a flote.

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