Sobre los sucesos acaecidos en la Plaza de la Independencia y sus alrededores durante los trabajos de cimentación del Reloj Monumental – Una investigación de El Centinela Hidalguense.
Pachuca de Soto, noviembre de 1905
Es costumbre de esta redacción no dar crédito a los rumores que circulan entre la población trabajadora de nuestra ciudad, pues la imaginación del hombre fatigado es terreno fértil para toda clase de superstición. Sin embargo, cuando tres médicos, un rayador de la Compañía Real del Monte y Pachuca y un sacerdote de la parroquia de La Asunción nos refieren, por separado y sin conocerse entre sí, los mismos hechos con las mismas palabras, la obligación periodística nos impone registrarlos.
Lo que sigue es un recuento fiel de los testimonios recabados entre los meses de agosto y octubre del año en curso.
- EL PRIMERO EN HABLAR
Aurelio Mendoza Hurtado, barretero de oficio, llevaba diecisiete años trabajando en los niveles inferiores de la mina Santa Gertrudis (cuyas galerías se extienden, según los mapas disponibles, en dirección al poniente de la Plaza de la Independencia) cuando solicitó su baja voluntaria el día 14 de agosto.
Su rayador, el señor Fortino Esquivel, nos recibió en la oficina de la Compañía Real del Monte y Pachuca y describió el estado de Mendoza en los días previos a su renuncia con una precisión que, reconoce, aún le produce malestar:
“El hombre llegaba al nivel tres y se quedaba quieto. No de cansancio. Quieto como quien escucha. Le preguntaba qué pasaba y me decía que el ruido de los picos de los demás le estorbaba para oír bien. Pero los demás estaban en otro túnel, señor. A doscientos metros. Nadie hacía ruido donde él estaba.”
Cuando esta redacción localizó a Mendoza en su domicilio de la Calle Real, lo encontramos sentado en el umbral de su casa, de cara a la pared. Su esposa, doña Refugio, nos informó que llevaba así desde hacía tres semanas. Que comía si ella le ponía el plato en las manos. Que a veces, entrada la noche, repetía en voz baja una secuencia de números que ella no reconocía como ningún conteo que hubiera escuchado antes.
Mendoza accedió a responder dos preguntas.
Le preguntamos qué había escuchado en el túnel.
Respondió, sin voltearnos a ver:
“Una voz que contaba. Siempre contando. Pero no hacia adelante.”
Le preguntamos qué quería decir con eso.
No respondió más.
- LA CIMENTACIÓN Y LOS TRABAJOS ANEXOS
Para comprender lo que sigue es necesario referir brevemente la situación geográfica de las obras. El Reloj Monumental, cuya inauguración está prevista para las fiestas del Centenario (mismas que la Junta Administrativa presidida bajo los auspicios del gobernador Pedro L. Rodríguez exige concluir sin más demoras) se construye bajo la dirección técnica de los ingenieros Francisco Hernández y Luis Carreón, responsables de la obra. Los trabajos de cimentación fueron subcontratados al ingeniero residente don Cástulo Peña Villanueva, quien nos explicó que los primeros metros de subsuelo presentaban “cavidades no cartografiadas, de origen y antigüedad indeterminados” que obligaron a profundizar los cimientos más allá de lo proyectado originalmente.
El ingeniero Peña Villanueva fue cuidadoso en sus palabras. Las cavidades, insistió, son un fenómeno geológico común en la región, producto de siglos de actividad minera y de la naturaleza porosa de la roca. Pachuca entera, admitió con una sonrisa que no terminó de cuajar, es por dentro como un queso con demasiados agujeros. No hay razón para suponer otra cosa.
Le preguntamos si alguno de sus trabajadores había referido escuchar algo en dichas cavidades durante la excavación.
El ingeniero revisó sus papeles durante un momento más largo del necesario.
“Los trabajadores de cimentación no son mineros experimentados”, respondió finalmente. “Son hombres de campo. Muy supersticiosos.”
No respondió la pregunta.
III. EL DOCTOR VILLALPANDO Y SUS NOTAS
El doctor Próspero Villalpando Garza ejerce la medicina en Pachuca desde hace once años. Entre julio y octubre del presente año atendió a nueve trabajadores (seis de ellos vinculados a las obras del reloj, tres empleados de la mina Santa Gertrudis) que presentaban un cuadro que él mismo describe como “sin clasificación precisa en la literatura médica que conozco”.
Los síntomas referidos eran, en todos los casos, evidentemente similares: insomnio severo, pérdida progresiva del apetito, episodios de mutismo absoluto alternados con períodos de locuacidad extrema durante los cuales los pacientes describían, con un detalle que el doctor Villalpando califica de “incómodo”, la sensación de escuchar una voz humana en el subsuelo.
– ¿Una sola voz? – le preguntamos.
– Todos decían lo mismo – respondió el doctor, revisando sus notas -. Una sola voz. Sin acento identificable. Que contaba.
– ¿Contaba qué?
El doctor cerró su cuaderno.
– Tiempo – dijo -. Decían que contaba tiempo. Pero que lo contaba al revés.
Hizo una pausa.
– El último que atendí – añadió en voz más baja – era un muchacho de dieciséis años. Trabajaba cargando materiales en la obra del reloj. Cuando lo trajo su madre llevaba cuatro días sin dormir. Cuando por fin logré que durmiera, con láudano, habló en sueños durante casi dos horas.
Le preguntamos qué dijo.
El doctor Villalpando nos miró un momento.
– Dijo una fecha – respondió -. La misma fecha, repetida, durante dos horas. Una fecha que aún no ha llegado. No nos dijo cuál era la fecha.
- LO QUE DICE EL PADRE CENDEJAS
El presbítero Abundio Cendejas Mora, adscrito a la parroquia de La Asunción, es un hombre de semblante sereno y vocabulario preciso. No es dado a la exageración. Lleva veintitrés años en esta ciudad y conoce a sus feligreses con la intimidad que solo da el confesionario.
Nos recibió en la sacristía y nos habló durante cuarenta minutos. Al finalizar nos pidió que no publicáramos su nombre. Reproducimos sus palabras respetando ese anonimato.
“Han venido a confesarse conmigo, en los últimos dos meses, siete hombres que trabajan o han trabajado cerca de las obras del centro. Ninguno de ellos se conoce entre sí. Todos me han dicho, con distintas palabras, la misma cosa: que escuchan una voz cuando están cerca de cierto lugar. Que la voz no les habla a ellos. Que la voz no sabe que ellos están ahí. Que la voz lleva mucho tiempo hablando sola, en la oscuridad, y que está contando algo que terminará pronto.”
Le preguntamos si les había dado absolución.
“Les he dado todo lo que tengo para dar”, respondió.
Le preguntamos qué creía que era la voz.
Tardó en responder.
“Temo”, dijo finalmente, “que hay cosas que llevan más tiempo que nosotros esperando que alguien cree algo encima de ellas. Para que no puedan irse.”
Abandoné la sacristía cuando el sol ya se había ido. No recuerdo haber caminado de regreso a la redacción. Mis notas de esa tarde están escritas con una letra que reconozco como mía, pero los márgenes contienen números que no recuerdo haber anotado.
Esta mañana lo entendí
No es solo una fecha, sino una coorde…
NOTA DE LA REDACCIÓN
El Centinela Hidalguense no suscribe interpretación sobrenatural alguna de los hechos aquí referidos. La fatiga, los gases naturales presentes en toda labor minera, y la tensión propia de los trabajos de construcción son explicaciones suficientes y razonables para los estados descritos.
El Reloj Monumental será inaugurado, según lo previsto, durante las celebraciones del Centenario de 1910.
Aurelio Mendoza Hurtado falleció en su domicilio el 3 de noviembre del presente año. El médico certificó muerte natural. Tenía cuarenta y un años.
Sus vecinos refieren que, la noche anterior a su muerte, estuvo despierto hasta el amanecer. Cantando, dicen, en voz alta.
“Revolución”.
– Esta crónica fue la última publicación de nuestro corresponsal. Su paradero es desconocido desde el 7 de noviembre de 1905.

0 Comments